
Después de lo de “miembra” pensé que nada más me podría sorprender por parte de “nuestra estimada” Ministra de Igualdad, cuya función, dicho sea de paso, todavía no termino de entender por más que lo intento.
La última genial idea de Bibiana Aído es, ni más ni menos, la apertura de una biblioteca dedicada exclusivamente a las mujeres. En ella se encontrarán contenidos puramente feministas, siendo la propia Ministra la que ha afirmado eso de que “no es más que una biblioteca especializada como tantas otras que existen en otros ámbitos”, tonta declaración por su parte. Para mí, como mujer que soy, y como bien ya ha declarado la Secretaria General del Partido Popular, María Dolores de Cospedal, me parece una idea humillante para el género femenino, además de serlo para un país que cada día se aleja más de la igualdad de género con medidas tan infantiles y patéticas como esta.
En primer lugar, se pretende modificar ciertas entradas del diccionario por discriminar al género femenino (yo ya no soy un miembro de mi familia, ¡que no se me olvide!). Sin embargo, si nos ponemos a buscar en el diccionario de la Real Academia Española, encontramos términos como “taxista” y “periodista”, cuyo género sería femenino. Así, digo yo: ¿por qué no hay taxistos y periodistos también? ¿No estaremos discriminando al género masculino?
Lo reconozco: uno de mis defectos es que mis tendencias siempre han sido algo feministas debido a lo que la mujer ha vivido a lo largo de la Historia y que, todavía hoy, sigue viviendo; he defendido la idea de que en la sociedad en la que vivimos todavía se percibe un clima machista en cuanto a sueldos, trato y preferencias profesionales, entre otros. Pero esto de que mi país tenga un Gobierno que ha creado un Ministerio de Igualdad sin saber qué significado tiene me parece más que vergonzoso.

Volviendo al tema de la biblioteca para mujeres, me parece una medida muy alejada de los objetivos igualitarios que debería perseguir un Ministerio destinado a tal fin. Con la apertura de semejante tontería (siento haber usado esta palabra, pero, entiéndanme, quiero ser lo más realista posible), lo que se está haciendo es alcanzar un grado de feminismo suficiente para marginar y dar de lado al hombre (marginando indirectamente también a la mujer), por lo que eso de la igualdad no estaría demasiado cerca que digamos. Así, aparte de marginar al hombre en ese aspecto, lo que se hace es perjudicar a la mujer en gran medida (empezando a separar hombres y mujeres es solo el principio de lo que más adelante será un caos, volviendo así a tiempos arcaicos que todavía hoy tienen lugar en muchos lugares del mundo). Un Ministerio de Igualdad debería luchar y encargarse de que un puesto de trabajo no sea para un hombre solo porque la mujer se puede quedar embarazada y tiene una familia a la que atender (un hombre también tiene que dedicarse a atender a su familia en la misma medida que lo hace la mujer, ¿no?), de que el sueldo de una mujer alcance la misma cantidad económica que la de un hombre (una mujer cobra menos incluso cuando a lo mejor la mujer puede tener un mayor rendimiento laboral que el hombre en algunos casos), de que en la televisión se dejen de publicar anuncios de cirugía estética y de “alimentación sana” para que las mujeres tengan un cuerpo perfecto de medidas 90-60-90 (cuando un hombre puede pasearse tranquilamente con su tripita cervecera sin complejos, una mujer se tiene que preocupar de no tener ni un solo pelo en la pierna, de adelgazar para que pueda entrar en una talla 38, de tener una cara bien maquillada y un pelo perfectamente peinado…), de que en la sección juvenil de los establecimientos textiles se vendan tallas superiores a la 40 para aquellas chicas que tienen las caderas y las piernas anchas, más pecho del habitual… Pero entiendo que sea más importante abrir centros dedicados a las féminas, eso es lo principal, sin duda. Vivimos en un país egoísta, superficial y mentiroso, con muy poco cerebro. El Gobierno manda, nosotros no opinamos, nuestra voz no se escucha, no hay democracia…
Particularmente, yo me quedaría más tranquila si el Señor Zapatero se preocupara más de asuntos como el decrecimiento económico (que no crisis) que está viviendo España de forma cada vez más intensa, con una inflación en el mes de junio que ya asciende al 5′1%. Aunque, tal vez, es más conveniente tapar lo que más importancia tiene para todos los españoles con temas tan estúpidos por parte de nuestra querida “miembra” del Gobierno como es la novedosa biblioteca para mujeres.
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No tengo palabras para calificar semejantes resultados electorales. Entiendo la creciente popularidad del partido liderado por Mariano Rajoy, pero la victoria del PSOE… No, nunca lo entenderé, no sé por qué…
“Nosotros no podemos conducir por ti”. ¿Quién no ha escuchado alguna vez la ya famosísima frase de la Dirección General de Tráfico (DGT) en sus diversas campañas para concienciar a los conductores y así disminuir los accidentes en nuestras carreteras? Más o menos veces, todos hemos oído e, incluso, leído semejante lema, ¿pero conducir es lo único que hacemos mal?
En primer lugar, quiero hacer referencia a aquella publicidad absurda que se encuentra en cada kilómetro de la mayoría de las carreteras españolas (en especial autovías). Y digo lo de ”absurda” porque nadie con un poco de cabeza y sentido común va a ir corriendo al centro comercial de al lado solamente porque aparezcan enumeradas las numerosas tiendas que hay en él, ni tampoco se va a dejar todo por visitar los Paradores que hay en ciertos municipios y ciudades, entre otros. Digamos que, en parte, se parece a esos anuncios de televisión que ”cortan” el programa que estamos viendo durante 15 ó 20 interminables minutos, esos que, a pesar de que se puede apreciar una notable subida del volumen por parte de los responsables de las cadenas televisivas (otra cosa absurda, porque no creo que nadie vaya a prestar más atención porque esté más alto el sonido, pero bueno), la gente opta por cambiar de canal o, simplemente, por quitar el volumen hasta que el programa que se estaba siguiendo se reanude. Pero lo que no tiene perdón es lo de las carreteras, porque, además de que para la inmensa mayoría de los conductores esos anuncios son dignos de ser ignorados, el tiempo que de manera involuntaria emplean para mirarlos es tiempo que puede ser clave para evitar un golpe, para frenar cuando imprevisiblemente se forma un atasco increible del que anteriormente no se sospecharía, etcétera. Así, el tiempo de reacción aumenta de manera preocupante, pudiendo igualarse o superar al que se derivaría de un nivel de alcohol superior al permitido, por ejemplo. Y lo peor de todo es que más de la mitad de las veces aparecen varios cartelitos juntos, en el mismo espacio publicitario, lo que multiplica la distracción y, por consiguiente, el tiempo de reacción.
Por otro lado, y no menos importante, cabe dedicar un párrafo a la DGT, ya que también participa, sin ser ese su objetivo (evidentemente), en algunas distracciones de las que tienen lugar diariamente. ¿Cómo? Los paneles informativos, aquellos que indican el tráfico que hay en un intervalo kilométrico determinado, que anuncian un accidente producido más adelante…, es decir, los que nos notifican algo que podría sorprendernos pasados unos minutos, son los que, desde hace ya un tiempo, suelen ser empleados por la Dirección de General de Tráfico para concienciar a los conductores acerca de las consecuencias que pueden tener los descuidos irresponsables, además de citar el número de víctimas mortales que se produjeron en el mismo periodo de tiempo de un año atrás (fin de semana, Semana Santa, Navidades, operación salida del mes de julio, Puente de los Santos…). Sin embargo, al igual que ocurre con la publicidad en las carreteras que he mencionado anteriormente, puede ser un manera de “entretener” a los usuarios de la vía en cuestión, ya que, mientras leen lo que la DGT intenta transmitir para disminuir el número de accidentes en España, es tiempo que pierden para divisar lo que está ocurriendo a su alrededor, tiempo que podría ser usado para estudiar lo que está pasando durante cada segundo del viaje. De esta manera, de nuevo aumentaría el tiempo de reacción y las posibilidades de producirse un accidente de tráfico aumentarían de manera importante. Además, puede resultar bastante “infantil”, teniendo en cuenta que estamos hablando de adultos, gente a la que no hay que estar recordando continuamente algo que ya saben con anterioridad, por lo que esos mensajes no van a hacer cambiar la actitud de los conductores, pues el que corre va a seguir corriendo, y el prudente va a seguir siéndolo.
PP, PSOE, en blanco, nulo… Sea cual sea cada situación particular, todos los mayores de 18 años estamos llamados a las urnas mañana, 9 de marzo de 2008, y todos tenemos que cumplir con el derecho que tenemos de elegir a nuestros representantes, porque es un derecho por el que nuestros mayores lucharon durante mucho tiempo, y por eso ahora tenemos que valorar el esfuerzo que hicieron por que sus descendientes (nosotros) pudiéramos disfrutar de un régimen democrático y de una vida sin tanto sufrimiento como el que tuvieron que pasar ellos.
En esta ocasión, voy a referirme a la multinacional Vodafone (iniciando la historia desde el principio, que tuvo lugar en la española Movistar), pues he conocido un caso muy recientemente de un contrato que, digamos, no se llegó a cumplir.
A los pocos días de eso, recibió en casa el esperado móvil, percatándose de que estaba defectuoso, pues tenía la pantalla agrietada. Entonces, llamó a Vodafone para reclamar, exigiendo la reparación o el cambio del móvil por estar vigente un seguro que estaba incluido en el contrato, por lo que un mensajero de Vodafone fue a su casa, tras numerosas llamadas al 123 (donde lo que menos hacen es atender a sus clientes), a recoger el móvil y le aseguró que recibiría otro de las mismas características, nuevo y en perfectas condiciones en breve, en menos de una semana. Pasaron unos días, pasó una semana, pasaron dos…, y el móvil no llegaba, así que puso una reclamación en la compañía telefónica. Desde allí, le dijeron a través del típico contestador de: “Si desea no sé qué, pulse 1; si desea no sé cuántos, pulse 2…”, que tenía que llamar a un 902, que suponía un coste de unos 6 céntimos el minuto, pero, al llamar a este número, le saltaba otro contestador que le decía: “Todas nuestras líneas están ocupadas; por favor, espere 12 minutos (9 minutos en otras ocasiones)”. Esto suponía un incremento del coste de la llamada que un cliente que tiene un problema por causas ajenas a él no tiene por qué abonar; aún así, esperó el tiempo que el contestador le indicó, espero luego cinco minutos más, luego tres… y al final tuvo que colgar, ya que pasaba el tiempo y nadie le atendía, mientras que el precio de la llamada realizada iba creciendo y creciendo. Lo repitió más veces, pero siempre pasaba lo mismo.
Entonces, le sugirieron que acudiera a una tienda de Vodafone y que comprara con su propio dinero un móvil y los accesorios correspondientes (el cable USB, la tarjeta de memoria…), y que, si luego le era posible, enviara un fax a la compañía para que le devolvieran el importe correspondiente. La duda que le surgió a este cliente tras esa absurda propuesta fue: “¿Y si no me es posible enviar el fax o si luego no me abonan el dinero?”; sin embargo, la contestación de Vodafone fue: “…”, es decir, no le dieron respuesta a su pregunta.
Se acercan las Navidades y, como cada año, es hora de ultimar las compras típicas de estas fechas. Entre dichas compras, tal vez las más destacadas son las de los regalos para lo más allegados, regalos como ropa, juguetes, bolsos y otros complementos, ramos de flores, perfumes y estuches de colonia, joyas… Son muchas las opciones para hacer sonreír a los nuestros a través de un detalle material, pero muchas veces se regala una sonrisa a unos para dar un infierno de vida a otros.
Bajo mi punto de vista, estas soluciones serían las más adecuadas si realmente queremos a nuestra mascota y la consideramos como el buen amigo fiel que es. De hecho, les puedo asegurar que el último que nos traicionaría sería él: nuestro perro. Es un amigo que, pase lo que pase, siempre está ahí a nuestro lado, nos da compañía y el cariño que muchas veces nos hace falta o necesitamos; incluso daría su vida por nosotros.
Así, como era de esperar, la fiebre del perrito se suele pasar con el paso del tiempo, y la gente empieza a darse cuenta de que un perro no es un muñeco, percatándose también de las responsabilidades, sacrificios y obligaciones que se derivan de su cuidado, olvidándose de la parte positiva de tenerlo en casa y sin acordarse de que fueron ellos los que lo compraron y lo querían, que no fue el perro el que eligió a su dueño.
Cierto es que, últimamente, mis apariciones han sido tan solo ocasionales debido al escaso tiempo del que dispongo, pero no he podido evitar escribir un comentario sobre las nuevas palabras introducidas en la lengua española por parte de un Gobierno que está destruyendo un país de forma progresiva y que, aún así, todavía vive con la esperanza de salir reelegido en las próximas elecciones generales, aún por concretar.
En cuanto al mensaje que transmite el ya comentado vídeo, hay que destacar ese compromiso que Zapatero quiere hacer creer al pueblo que tiene con la Nación, cuando de lo que menos orgulloso está es de ser español. Han sido muchas las ocasiones en las que nos ha dado la espalda en los momentos más duros, nos ha ocultado verdades de interés común, nos ha mentido y prometido millones de cosas imposibles… Además, el Gobierno no cumple con sus propios principios como intenta hacer ver; por ejemplo, no hay “igualdaz” entre las diferentes regiones de España; no hay “libertaz” para poder expresarnos y poder conocer las noticias tal y como son y sin secretos, sin censura, ni para elegir lo que realmente queremos; no hay “solidaridaz” con los ciudadanos que residen en lugares gobernados por la oposición y que necesitan ayuda del Gobierno para mejorar infraestructuras o para solucionar cualquier otro tipo de problemas que puedan existir, pues es el mismísimo Gobierno Central el que les niega esas ayudas solicitadas…
Fue el pasado día 10 de septiembre cuando tuvo lugar una esperada reunión en el Palacio de la Moncloa entre la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y el Presidente del Gobierno Central, José Luis Rodríguez Zapatero.
Con frecuencia, el Partido Socialista Obrero Español ha expresado su rabia por no conseguir el poder en ciertas zonas de España, como por ejemplo en la Comunidad donde Esperanza Aguirre, perteneciente al Partido Popular, es Presidenta desde el año 2003, habiendo hecho mejorar la calidad de vida de los madrileños, así como el transporte, la seguridad y la sanidad, entre otros puntos. Por ello, el grupo de Zapatero busca el voto de dichas regiones con el objetivo de ganar las próximas elecciones prometiendo millones de cosas imposibles y dando a entender la consiguiente quiebra del bolsillo de los españoles solo con pensar en el dineral que se debería de invertir para cumplir esas promesas inalcanzables. ¿Y qué mejor forma de ganar esos votos que marginando a parte de la población española solo por vivir en una Comunidad donde gobierna la oposición? Efectivamente, la principal medida que toman los socialistas para saciar esa rabia que sienten es dando de lado a los ciudadanos que realmente se sienten orgullosos de ser españoles y se consideran como tal ante todo y pase lo que pase, prestando toda la atención a aquellos cuyo odio hacia España es cada vez más profundo y su único deseo es no pertenecer a nuestro país, boicoteando la Bandera y la Corona gravemente. Muy contradictorio, sí. ¿Así se ganan los votos? ¿O lo único que se consigue es perder los pocos que se tenían?
Seguramente, muchos ya se han percatado del bombardeo publicitario que sufrimos los telespectadores día a día, pudiendo llegar a conocer cientos de los más variados y diversos productos que podemos encontrar en el mercado: lavaplatos, comida, restaurantes, coches, detergente… Cada anuncio podemos verlo un gran número de veces cada vez que encendemos nuestros televisores, llegando, en la mayoría de los casos, a aprendérnoslos de memoria e, incluso, a odiarlos, ya que escuchar y observar continuamente lo mismo hace que llegue un momento en el que no podamos más y que, en muchas ocasiones, apaguemos la televisión y nos perdamos el final del programa que estábamos viendo.
Los anuncios de medicamentos casi siempre nos informan de su uso, efectos y composición, invitándonos al final a consultar a nuestro farmacéutico y a leer detenidamente las instrucciones de uso. Pero eso no es suficiente para evitar posibles accidentes que puedan tener lugar entre el público: para muchos podría considerarse “tentador” un producto que acabe con los dolores de cabeza o de espalda, que elimine determinados daños físicos o que nos ayude a conciliar el sueño; así, mucha gente no se para a pensar en la dosis que debería consumir cada vez o si su organismo lo aceptaría.