Muchos son los que dirán que es muy grave el llamar asesina a aquella mujer que aborta, asesino a aquel doctor que practica el aborto, asesino a todo aquel que incita a una embarazada a pasar por la peor de las situaciones…, pero lo cierto es que no hay mejor calificativo, aunque deberían inventar uno mucho peor para este caso. Así que, ahora, me dirijo a esa inepta que ha llegado a Ministra no sé cómo (aunque mirando a los que la rodean, no es de extrañar que ocupe un puesto semejante), llamada Bibiana Aído, una chiquilla que, sin haber dado uso a su cerebro a día de hoy, tiene a su cargo un Ministerio inventado solamente para hacer el numerito -un Ministerio sin sentido-, para que se invente un palabro de los suyos.
Y es que ¿para qué sirve ese Ministerio de Igualdad? ¿Para sacarse de la manga estupideces varias para que se hable de eso y no de los problemas reales y graves que tenemos todos los españoles? Desde el principio lo vi absurdísimo, sí; pero mantenía la esperanza de que se encargara de solucionar problemas tales como la violencia de género o las desigualdades en las empresas, entre otras cosas. Sin embargo, esa esperanza nunca llegó, ya que hasta ahora solo he visto actuaciones de circo tales como la grandísima invención del palabro “miembras”, que todos deseamos e invitamos a la Real Academia Española (RAE) que incluya en la lengua española tan pronto como sea posible, y la genial idea de la biblioteca para mujeres. ¿Eso es igualdad?
No sé si será igualdad o no, pero lo que sí que no lo es es el caso del aborto. ¿Por qué es delito asesinar a una mujer o a un hombre, y no lo es quitarle a un bebé el derecho a nacer? ¿Cómo es posible que se le llame “derecho” a un asesinato en toda regla? Yo no encuentro explicación alguna, aunque he pasado largas noches sin dormir dándole vueltas al asunto. El aborto es el peor de los asesinatos, porque se está quitando la vida, el derecho a vivir, al ser más indefenso del mundo: un bebé. ¿Y por qué se dice que un feto no es un ser humano? Pues tampoco lo entiendo, y más si parto de la base de que para que un espermatozoide llegue al óvulo tiene que haber ya un indicio de vida, ¿o no?
Igual que todos hemos tenido la oportunidad de nacer y de disfrutar de una vida (en algunos casos mejores que en otros), los que tienen que venir para ser los habitantes del planeta en un futuro también deberían tener el mismo derecho, porque entonces ahí ya estamos siendo testigos de otro gravísimo caso de desigualdad. ¿O es que ellos no se lo merecen? No es cuestión de ser católico o ateo, en absoluto, sino de tener la capacidad de analizar esta situación bien a fondo, porque es un error gravísimo que el paupérrimo Gobierno que dice ser de España se dedique a improvisar tratando temas tan delicados como es este, solamente para distraer la atención de problemas más que preocupantes como el desempleo, la subida de impuestos…
¿Y qué decir de que las niñas que no pueden entrar en ciertas discotecas, que no pueden fumar ni consumir alcohol, que no puedan votar ni sacarse el carnet de conducir…, pero sí pueden abortar como quien va a hacer la compra o consumir la píldora del día después (con tantas contraindicaciones como las que tiene) como si fuera una gominola? Es decir, están preparadas para matar a su propio hijo (y sin que sus padres tengan conocimiento de ello), pero no para elegir al nuevo payaso que ejerce de Presidente del Gobierno. Sencillamente, ¡increible! Además, debido a esto va a haber un notable aumento de casos de enfermedades de transmisión sexual. Aunque claro, con tantos derechos del menor y tanta tontería, se están yendo las cosas de las manos. Nos estamos cargando las futuras generaciones, el futuro, de dos maneras: una es asesinando a una parte y la otra es malcriando a la otra. ¡Una auténtica pena!
Mi mayor deseo en estos momentos es que toda mujer que aborte no tenga nunca más la oportunidad de ser madre, que llegue a la vejez y se vea completamente sola, que se arrepienta para siempre de aquel día que asesinó al que fuera su hijo, al que tal vez hubiera salvado vidas, al que tal vez hubiera descubierto la solución contra el cáncer, al que tal vez hubiera acabado con muchos males que hoy no dejan de ser un grave problema para los que hemos disfrutado de nuestro derecho a nacer y a vivir…
Solo diré una cosa más, y la voy a decir sin pelos en la lengua: “Si es legal el aborto, lo que más pena me da es que las madres de los inútiles que gobiernan este país no practicaran este “derecho” cuando estaban embarazadas”.
Muchas son las ayudas que ”nuestro” pésimo e inepto Presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, pretende dar a esta empresa francesa de vehículos para evitar despidos derivados de la pesadilla económica en la que nos sumergimos los primeros y saldremos los últimos (si es que salimos algún día). Pero ¿por qué ayudas? Al menos, esto es lo que se preguntará S. G., quien tenía un coche de 11 años de antigüedad que quería cambiar por un Renault Clio, un coche nuevo, cómodo y caracterizado por su bonita estética. En definitiva, nada que ver con su antiguo vehículo.
Sin problemas y con un tono muy amable, pidieron a S. G. su teléfono personal, pero de nada sirvió. De esas tres llamadas a “Atención al Cliente”, tan solo la primera fue contestada, cuando los de arriba pensaban que toda la culpa era del concesionario; pero, cuando se percataron de que la culpa era de los jefes, dieron la callada por respuesta. Y lo peor es las broncas varias que el pobre vendedor se llevó tan solo por estar en medio: la de un cliente desesperado, que le pidió perdón porque pagaba con él su enfado sin tener el trabajador del concesionario culpa alguna, y la de unos jefecillos de pacotilla, que, además de no tener narices de dar la cara cuando un cliente exige que se pongan al teléfono, cogen todos sus errores y señalan a los trabajadores como culpables, sin darse cuenta de que sin ellos, la empresa no funcionaría, porque los que realmente hacen que una empresa prospere son los curritos a los que se les da una patada en el culo cuando se trata de reducir gastos, a pesar de que lo idóneo es que los que se marcharan fueran los de arriba, pues son ellos los que menos sacan la empresa adelante.
Muchas son las ocasiones en las que he expresado mi sueño de ser periodista en el futuro, pero esta es una de esas veces en las que esos deseos se me quitan de golpe. Francamente, no me gustaría convertirme en una de esas “hienas del periodismo” que solo buscan sacar el mayor morbo posible a asuntos tan delicados como es, entre otros, la gran tragedia que tuvo lugar el pasado 20 de agosto en el aeropuerto madrileño de Barajas.
El día 21 de agosto se hizo pública en televisión una fotografía tomada por un “ser” que se coló en el pabellón del Recinto Ferial de Madrid IFEMA donde se iban dejando los cadáveres recuperados entre los restos del avión siniestrado. ¿Lo peor? En la fotografía se aprecia un suelo en el que se van situando en unas pocas filas cuerpos sin vida cubiertos por una lona blanca. Mi pregunta es: ¿cómo se sentiría el fotógrafo y los medios que publicaron esa maldita foto si fuera un familiar suyo el que estuviera allí y tuvieran en mente que semejante imagen está inmortalizada en una fotografía?
En definitiva, para mí es muy difícil entender (y, créanme, nunca lo comprenderé) por qué se coloca como “máxima prioridad” el factor audiencia ante todo tipo de situaciones, sean las que sean. Los sentimientos de una persona, o lo que pueda suponer para ella ciertas cosas, dan igual si hay un interés personal (económico en casi en todos los casos). Es, simplemente, patético. Pero ¿tienen corazón? ¿Podrá esta gente dormir por las noches? Seguro que sí, y bien satisfechos todos del trabajo realizado.
Realmente avergonzada. Así es como me siento tras conocer, desde fuera de España, la nueva tontería del Ministro de Industria, Miguel Sebastián, cuyo valor como político siempre he considerado entre nulo y negativo. Si es que cuando el diablo no tiene nada que hacer, mata moscas con el rabo…
Otra solución es la del transporte público, idea que aplaudo y me parece correcta. Yo soy usuaria del transporte público… ¿y el Señor Zapatero? ¿Y los Reyes? ¿Y el mismo Miguel Sebastián? … Tal vez sería mejor que predicaran con el ejemplo… ¿o es que ellos son de porcelana y pueden dañarse por hacer uso del transporte público? Creo que todos estamos hechos de lo mismo…
Habla de cumplir sus promesas electorales, todo buenas palabras. Sin embargo, no es capaz de reconocer las cosas tal y como son; sigue viviendo en una “nube presidencial“, pensando que todo lo que él diga va a servir para justificar las cosas, que todos los ciudadanos nos vamos a creer cada una de sus palabras carentes de veracidad y sentido alguno. Por ello, me siento (al igual que un considerable número de españoles) insultada, porque es una falta de respeto tratarnos como si fuéramos tontos. Se cree el ladrón que todos son de su condición… pero no es así.

No tengo palabras para calificar semejantes resultados electorales. Entiendo la creciente popularidad del partido liderado por Mariano Rajoy, pero la victoria del PSOE… No, nunca lo entenderé, no sé por qué…
“Nosotros no podemos conducir por ti”. ¿Quién no ha escuchado alguna vez la ya famosísima frase de la Dirección General de Tráfico (DGT) en sus diversas campañas para concienciar a los conductores y así disminuir los accidentes en nuestras carreteras? Más o menos veces, todos hemos oído e, incluso, leído semejante lema, ¿pero conducir es lo único que hacemos mal?
En primer lugar, quiero hacer referencia a aquella publicidad absurda que se encuentra en cada kilómetro de la mayoría de las carreteras españolas (en especial autovías). Y digo lo de ”absurda” porque nadie con un poco de cabeza y sentido común va a ir corriendo al centro comercial de al lado solamente porque aparezcan enumeradas las numerosas tiendas que hay en él, ni tampoco se va a dejar todo por visitar los Paradores que hay en ciertos municipios y ciudades, entre otros. Digamos que, en parte, se parece a esos anuncios de televisión que ”cortan” el programa que estamos viendo durante 15 ó 20 interminables minutos, esos que, a pesar de que se puede apreciar una notable subida del volumen por parte de los responsables de las cadenas televisivas (otra cosa absurda, porque no creo que nadie vaya a prestar más atención porque esté más alto el sonido, pero bueno), la gente opta por cambiar de canal o, simplemente, por quitar el volumen hasta que el programa que se estaba siguiendo se reanude. Pero lo que no tiene perdón es lo de las carreteras, porque, además de que para la inmensa mayoría de los conductores esos anuncios son dignos de ser ignorados, el tiempo que de manera involuntaria emplean para mirarlos es tiempo que puede ser clave para evitar un golpe, para frenar cuando imprevisiblemente se forma un atasco increible del que anteriormente no se sospecharía, etcétera. Así, el tiempo de reacción aumenta de manera preocupante, pudiendo igualarse o superar al que se derivaría de un nivel de alcohol superior al permitido, por ejemplo. Y lo peor de todo es que más de la mitad de las veces aparecen varios cartelitos juntos, en el mismo espacio publicitario, lo que multiplica la distracción y, por consiguiente, el tiempo de reacción.
Por otro lado, y no menos importante, cabe dedicar un párrafo a la DGT, ya que también participa, sin ser ese su objetivo (evidentemente), en algunas distracciones de las que tienen lugar diariamente. ¿Cómo? Los paneles informativos, aquellos que indican el tráfico que hay en un intervalo kilométrico determinado, que anuncian un accidente producido más adelante…, es decir, los que nos notifican algo que podría sorprendernos pasados unos minutos, son los que, desde hace ya un tiempo, suelen ser empleados por la Dirección de General de Tráfico para concienciar a los conductores acerca de las consecuencias que pueden tener los descuidos irresponsables, además de citar el número de víctimas mortales que se produjeron en el mismo periodo de tiempo de un año atrás (fin de semana, Semana Santa, Navidades, operación salida del mes de julio, Puente de los Santos…). Sin embargo, al igual que ocurre con la publicidad en las carreteras que he mencionado anteriormente, puede ser un manera de “entretener” a los usuarios de la vía en cuestión, ya que, mientras leen lo que la DGT intenta transmitir para disminuir el número de accidentes en España, es tiempo que pierden para divisar lo que está ocurriendo a su alrededor, tiempo que podría ser usado para estudiar lo que está pasando durante cada segundo del viaje. De esta manera, de nuevo aumentaría el tiempo de reacción y las posibilidades de producirse un accidente de tráfico aumentarían de manera importante. Además, puede resultar bastante “infantil”, teniendo en cuenta que estamos hablando de adultos, gente a la que no hay que estar recordando continuamente algo que ya saben con anterioridad, por lo que esos mensajes no van a hacer cambiar la actitud de los conductores, pues el que corre va a seguir corriendo, y el prudente va a seguir siéndolo.
PP, PSOE, en blanco, nulo… Sea cual sea cada situación particular, todos los mayores de 18 años estamos llamados a las urnas mañana, 9 de marzo de 2008, y todos tenemos que cumplir con el derecho que tenemos de elegir a nuestros representantes, porque es un derecho por el que nuestros mayores lucharon durante mucho tiempo, y por eso ahora tenemos que valorar el esfuerzo que hicieron por que sus descendientes (nosotros) pudiéramos disfrutar de un régimen democrático y de una vida sin tanto sufrimiento como el que tuvieron que pasar ellos.