“Nosotros no podemos conducir por ti”. ¿Quién no ha escuchado alguna vez la ya famosísima frase de la Dirección General de Tráfico (DGT) en sus diversas campañas para concienciar a los conductores y así disminuir los accidentes en nuestras carreteras? Más o menos veces, todos hemos oído e, incluso, leído semejante lema, ¿pero conducir es lo único que hacemos mal?
La falta de sueño, el cansancio, la fatiga, el alcohol, las drogas… Muchas pueden ser las causas de los accidentes de tráfico en España y de las numerosas víctimas que, fin de semana tras fin de semana, se dejan la vida en sus vehículos. Pero no creo que ese sea el único factor influyente en las distracciones y otros descuidos. Cuando viajamos, por ejemplo, por una autovía, nos encontramos miles de letras, palabras y mensajes por todos lados que leemos sin quererlo en la mayoría de los casos. ¿De qué se trata? Centrémonos en dos elementos diferentes pero muy similares a su vez que, en mi opinión, pueden ser culpables de algunas de las distracciones al volante que tienen lugar a diario.
En primer lugar, quiero hacer referencia a aquella publicidad absurda que se encuentra en cada kilómetro de la mayoría de las carreteras españolas (en especial autovías). Y digo lo de ”absurda” porque nadie con un poco de cabeza y sentido común va a ir corriendo al centro comercial de al lado solamente porque aparezcan enumeradas las numerosas tiendas que hay en él, ni tampoco se va a dejar todo por visitar los Paradores que hay en ciertos municipios y ciudades, entre otros. Digamos que, en parte, se parece a esos anuncios de televisión que ”cortan” el programa que estamos viendo durante 15 ó 20 interminables minutos, esos que, a pesar de que se puede apreciar una notable subida del volumen por parte de los responsables de las cadenas televisivas (otra cosa absurda, porque no creo que nadie vaya a prestar más atención porque esté más alto el sonido, pero bueno), la gente opta por cambiar de canal o, simplemente, por quitar el volumen hasta que el programa que se estaba siguiendo se reanude. Pero lo que no tiene perdón es lo de las carreteras, porque, además de que para la inmensa mayoría de los conductores esos anuncios son dignos de ser ignorados, el tiempo que de manera involuntaria emplean para mirarlos es tiempo que puede ser clave para evitar un golpe, para frenar cuando imprevisiblemente se forma un atasco increible del que anteriormente no se sospecharía, etcétera. Así, el tiempo de reacción aumenta de manera preocupante, pudiendo igualarse o superar al que se derivaría de un nivel de alcohol superior al permitido, por ejemplo. Y lo peor de todo es que más de la mitad de las veces aparecen varios cartelitos juntos, en el mismo espacio publicitario, lo que multiplica la distracción y, por consiguiente, el tiempo de reacción.
Por otro lado, y no menos importante, cabe dedicar un párrafo a la DGT, ya que también participa, sin ser ese su objetivo (evidentemente), en algunas distracciones de las que tienen lugar diariamente. ¿Cómo? Los paneles informativos, aquellos que indican el tráfico que hay en un intervalo kilométrico determinado, que anuncian un accidente producido más adelante…, es decir, los que nos notifican algo que podría sorprendernos pasados unos minutos, son los que, desde hace ya un tiempo, suelen ser empleados por la Dirección de General de Tráfico para concienciar a los conductores acerca de las consecuencias que pueden tener los descuidos irresponsables, además de citar el número de víctimas mortales que se produjeron en el mismo periodo de tiempo de un año atrás (fin de semana, Semana Santa, Navidades, operación salida del mes de julio, Puente de los Santos…). Sin embargo, al igual que ocurre con la publicidad en las carreteras que he mencionado anteriormente, puede ser un manera de “entretener” a los usuarios de la vía en cuestión, ya que, mientras leen lo que la DGT intenta transmitir para disminuir el número de accidentes en España, es tiempo que pierden para divisar lo que está ocurriendo a su alrededor, tiempo que podría ser usado para estudiar lo que está pasando durante cada segundo del viaje. De esta manera, de nuevo aumentaría el tiempo de reacción y las posibilidades de producirse un accidente de tráfico aumentarían de manera importante. Además, puede resultar bastante “infantil”, teniendo en cuenta que estamos hablando de adultos, gente a la que no hay que estar recordando continuamente algo que ya saben con anterioridad, por lo que esos mensajes no van a hacer cambiar la actitud de los conductores, pues el que corre va a seguir corriendo, y el prudente va a seguir siéndolo.
Así, tal vez sería conveniente pensar, analizar y llevar a cabo nuevas alternativas para concienciar a los conductores sin poner en peligro las condiciones de las carreteras españolas.